Otra de las agradables sorpresas que tiene Copenhague: es una ciudad bastante cosmopolita, si se tiene en cuenta su pequeño tamaño, su ubicación y si se le compara con Londres, Paris o Bruselas. He llegado a conocer gente de un pais en medio de la nada llamado Kalmykia.
El tema va a que si hay gente de Kalmikya, pues tampoco faltan los chinos. Pululan en las universidades, bibliotecas, supermercados, estaciones de tren; escasean en bares, discotecas, night-clubs y restaurantes (incluso de comida china). Uno de estos personajes se llama Haoyong Zhou. Como su nombre es difícil de pronunciar prefiere que lo llamemos Zhou. Pronto supe que su apellido le genera orgullo patriótico: la dinastía Zhou gobernó la china entre los siglos XI y III antes de J.C.
En ese tiempo se escribió el libro Shanhai Jing, que es una colección de cuentos de los cuales mi amigo Zhou nos ha compartido algunos. Me gustó la historia de Kuafu quien desde niño vivía maravillado con la belleza del sol. Quiso capturarlo, y al llegar a adulto lo persiguió sin descanso. Subió y subió lo cielos pero al aproximarse al sol, el ardiente calor le hizo experimentar tanta pero tanta sed que tuvo que detenerse. Se bebió el Río Amarillo. La sed no cedía sino que se incrementó aún más, y Kuafu se bebió el Río Wei. Luego quiso irse al Gran Lago para seguir bebiendo y apagar su sed. Entonces cayó muerto. Fue perdonado por los dioses, y fue transformado en un bosque de melocotoneros. Por eso allá nunca llega el sol. Por eso su fruto es tan jugoso.
Y por eso hay chinos que ven con buenos ojos el "perseguir lo pequeño" y no dejarse atrapar por la verdad. La mala fortuna que pueden traer las grandes verdades, es que nos dejen sedientos.
El tema va a que si hay gente de Kalmikya, pues tampoco faltan los chinos. Pululan en las universidades, bibliotecas, supermercados, estaciones de tren; escasean en bares, discotecas, night-clubs y restaurantes (incluso de comida china). Uno de estos personajes se llama Haoyong Zhou. Como su nombre es difícil de pronunciar prefiere que lo llamemos Zhou. Pronto supe que su apellido le genera orgullo patriótico: la dinastía Zhou gobernó la china entre los siglos XI y III antes de J.C.
En ese tiempo se escribió el libro Shanhai Jing, que es una colección de cuentos de los cuales mi amigo Zhou nos ha compartido algunos. Me gustó la historia de Kuafu quien desde niño vivía maravillado con la belleza del sol. Quiso capturarlo, y al llegar a adulto lo persiguió sin descanso. Subió y subió lo cielos pero al aproximarse al sol, el ardiente calor le hizo experimentar tanta pero tanta sed que tuvo que detenerse. Se bebió el Río Amarillo. La sed no cedía sino que se incrementó aún más, y Kuafu se bebió el Río Wei. Luego quiso irse al Gran Lago para seguir bebiendo y apagar su sed. Entonces cayó muerto. Fue perdonado por los dioses, y fue transformado en un bosque de melocotoneros. Por eso allá nunca llega el sol. Por eso su fruto es tan jugoso.
Y por eso hay chinos que ven con buenos ojos el "perseguir lo pequeño" y no dejarse atrapar por la verdad. La mala fortuna que pueden traer las grandes verdades, es que nos dejen sedientos.

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