jueves, 27 de agosto de 2009

The Paradox of Choice

Barry Schwartz estuvo en la Universidad. Su hipótesis está cuestionando uno de los dogmas de la teoría económica moderna, (i.e. que a mayor posibilidad de elegir, mayor libertad y que a mayor libertad, mayor bienestar) y sostiene que vivimos en una permanente mentira . Este sociólogo dice que el hecho de elegir, de enfrentarnos a elecciones en la vida diaria trae costos también, y que ellos escalan de manera dramática a medida que la posibilidad de elección aumenta. Él está desentrañando y sitentizando en un esquema científico, formal, pero a la vez muy simple, el origen y el destino de lo que llamamos "desarrollo" y "progreso".


Un ejemplo son los "tradeoffs" (no encuentro una palabra en español satisfactoria): muchas veces escoger una cosa implica rechazar otra y rechazar los beneficios de esa otra cosa que se dejó de escoger. Por ejemplo, yo me llevo bien conmigo mismo en Dinamarca, pero me llevo mal con mi vida social acá. En Colombia, por el contrario, me llevo mal conmigo mismo, pero me llevo bien con la vida social allá. Y tengo que escoger: no puedo tener las dos cosas buenas a la vez. No puedo llevar Dinamarca a Cundinamarca.


Encuentro su hipótesis tan exquisita, tan vigente y tan cercana a la vida diaria, que me dieron ganas de colgarla y compartirla acá. ¡Esta es la ciencia a la que vale la pena apostarle!!


jueves, 20 de agosto de 2009

Diatriba-Facebook-era


No sé qué es peor: Si dos horas navegando en facebook o toda una vida sin conectividad alguna. Bueno, al menos en facebook me divierto viendo cómo los frívolo-patéticos tests parecen subirle el autoestima a más de un usuario. Sin conectividad, por otra parte, no podría bajar los episodios de la serie-comedia “30-Rock” cuyas ridiculeces me hacen carcajear de manera inexplicable como lo hiciera chespirito hace décadas (con su humor predecible y repetitivo).


Cuando entré en esa red, creía que de verdad la gente compartía sin mayor presunción algo de información que mejoraba el contacto. Fue por eso que perdí como media hora escribiendo una lista mis libros, películas, música y frases favoritas cuando creé mi cuenta. Creía que la gente de algún modo terminaba compartiendo esa información y recomendándose unos a otros ciertos textos o criticando al aire cierta película o quejándose de tal o cual serie, tal vez compartiendo un video chistoso, una foto curiosa, escribiendo algo en el “Wall” por si el e-mail no llega, etc. Creía que la gente terminaba comunicándose más y mostrando algo de sus vidas. Pero no. Lo comparten todo: fotos, videos, frases describiendo lo que hacen y piensan (que cambian casi a diario), tests de personalidad, orientación sexual, hábitos de aseo, entre otros, componen el grueso de sus contenidos.


Como un agujero negro cuya gravedad extrema absorbe todo lo que está a su alrededor hasta desintegrarlo, facebook pareciera succionarlo todo cuando entramos a sus redes y hasta parece ser una herramienta para solucionar nuestros problemas de reconocimiento: por momentos pareciera una competencia perversa por quién tiene una vida más interesante o, simplemente, quién tiene una VIDA. Una competencia por la aprobación social. No es casualidad que la mayoría de los usuarios de facebook, discriminados por nacionalidad, seamos los colombianos: no nos pudieron dar una mejor herramienta para buscar la aprobación que seguramente nadie nos da en casa, ni en el trabajo, ni en la calle, ni en nuestras relaciones. (Porque no somos capaces de aceptar que alguien piense y viva diferente)


¡Me maman las galleticas de la fortuna!!! Lo peor es que los que las “abren”, las comentan!!!. Como si hubiera algo que decir al respecto de cosas como “una aventura nueva vendrá a tu vida” o “déjate sorprender por lo desconocido” y como si de ello dependiera, literalmente, su suerte. ¿Quién necesita que un hijuemadre programa de computador le suba el ánimo con frases de cajón? ¿Es que no tienen amigos que les comuniquen unos buenos deseos en momentos de duda o tristeza? ¿Para qué son entonces, (o que suerte de seres en sus vidas son) esos centenares de gatos que tienen sus listas como “amigos”? ¿Simples instrumentos con quien presumir? Odio los HPTAS tests: "¿Qué personaje de Harry Potter eres?" "¿Qué presidente de los EEUU eres?". ¡¡Por favor!! Si siguen pegados a facebook de ese modo no llegarán ni a presidentes de la junta de acción comunal de sus barrios. ¿Qué marca de auto te identifica? Por Dios!! Si estuvieran un poco menos pegados a esta aplicación y reflexionaran un poco más sobre sus vidas (en lugar de que facebook lo haga por ellos), se darían cuenta que un TOPOLINO tiene la misma propiedad de un LAMBORGINI:
NINGUNO PERTENECE AL QUE LLENÓ EL TEST!.

Ni hablar del status o del “What´s on your mind?” Hay gente que logra cambiar eso todos los santísimos días y persisten en compartir hasta los mareos que sufren durante el embarazo ¿Qué sigue? ¿Describirnos los domingos por la tarde sin amigos, sin pareja y en invierno? Finalmente, me parece de muy mal gusto que gente que nunca le habló a uno en la vida (bien sea en el colegio o en la universidad o tal vez en los primeros trabajos), lo adicionen a uno como “amigo” de buenas a primeras. No es por nada, pero tengo como 150 solicitudes de gente de quienes no me interesa saber qué ha pasado con ellos ahora, y de algunos que hasta me caían mal (y creo que el sentimiento fue mutuo) en el momento en que nuestras vidas se cruzaron. Pero no… ellos insisten en saber, tal vez en un morbo malsano, qué ha sido de mí, mirar mis fotos, mi Wall, y tal vez, comparar cual es más no-feliz. ¡Qué mamera!

Pero soy contradictorio: colgué fotos, añadí viejos amigos del colegio a quienes no veía desde hace, tal vez, quince años o más, escudriñé en la vida de todos mis contactos en la medida en que los domingos en las tardes de invierno me lo permitieron, y el agujero negro me absorbió hasta sofocarme. Me encanta el Geo-Challenge, y de vez en cuando hago los tests de IQ. Y lo que es peor: no voy a cancelar mi cuenta! Porque facebook a todos nos vincula, por identidad o por oposición. Para que los hipotéticos lectores entiendan lo que quiero decir, les dejo este link (que -cómo no- ya colgué en mi perfil de facebook).

Por favor diviértanse.

domingo, 2 de agosto de 2009

Udlændingeservice

Sigo sin saber porqué apliqué a la “Green-Card” danesa. Tal vez la respuesta del servicio de inmigración danés me de luces sobre qué hacer en el largo plazo. El problema del desarrollo es que propicia un ambiente muy calmado para pensar, pero el ruido mental no se resuelve, las decisiones no aparecen, los argumentos no lucen bien, las razones no son claras y terminas comiendo helado en una plaza cualquiera contemplando a un par de sacerdotes Hare-Krisna tocando platillos y cantando.
A las 8 AM se abren las puertas de la oficina de inmigración. Ya hay una fila casi interminable de usuarios que esperan por su legalización o por completar exitosamente una aplicación. Hay de todo: estudiantes, refugiados, niños, cónyuges, entre otros. Cuando la oficina abre comienza el calvario: lo que hacía pocos instantes era una fila de personas se convierte en una horda de neardentales manoteando y vociferando. Todos se abalanzan sobre la máquina que imprime los turnos en pequeños papelitos.
-¿Porqué tienen que destruir la fila?-, me pregunto yo. En medio de la referida horda de primates hay que empujar y avanzar hacia la máquina de turnos, pero allí no terminan los problemas. Una vez al frente, la dinámica exige precisión, fuerza, estabilidad e inmisericordia hacia el prójimo. Aleatoriamente hay que hacerse espacio con la mano, palmoteando las manos de los rivales, para oprimir el botón, mientras que se usa la otra la otra mano para palmotear con más fuerza y tomar el papel antes que otro oportunista se adelante. La aleatoriedad del juego “Piedra-Papel-Tijera” se mezcla con el dolor de “Manitas Calientes” y como resultado queda en tus manos la diferencia entre el mundo en desarrollo y el desarrollado. Literalmente. (Afortunadamente hay reglas implícitas: por ejemplo nadie se abre paso a codazos).
En la pared opuesta a la entrada aparece información en árabe, turco e inglés que recuerda a los usuarios la importancia de usar el formato de aplicación correcta y adjuntar los papeles exigidos, so pena de no recibirle al aplicante sus documentos. Debo confesar que el árabe hace ver bien la pared. Debió ser una lengua inventada para leerse. A veces pienso que la concreción del inglés más la estética visual del árabe más el sonido del español o el italiano, más la gramática del latín, darían como resultado un idioma casi perfecto. Dos horas de espera en el servicio de inmigración danés dan espacio para incoherencias como esa y muchas más.
La variedad racial en estas oficinas es bastante amplia. Incluso algunos de los burócratas (cuya actitud parece sacada del bibliotecario de “El nombre de la rosa”), lucen como pakistaníes, turcos, marroquíes, etc. Sólo que menos amigables y claramente embriagados por el micro-poder que les otorga el decidir, en parte, las vidas de los demás. Recuerdo la canción de Juan Luis Guerra (i.e. “Visa para un sueño”) y me doy cuenta de lo real y crudo de sus letras. Me pregunto porqué me tocó vivir en esta época y cómo fue que terminé acá. El dolor en las manos ya ha pasado y entonces saco “El Evangelio según Jesucristo” de Saramago. Por un momento me distraigo en sus magistrales, aunque excesivamente ateos -para mi gusto- párrafos.
Al ver mi número paso a la ventanilla. Le entrego los papeles a la rubia que los revisa con un poco de desidia y cansancio. En danés sostenemos un diálogo cuya profundidad no pasa de explicarle un par de cosas acerca de los papeles que anexé. Me dice que no me preocupe, que todo está perfecto, que el servicio de inmigración se tomará hasta 3 meses para examinarlos y dar una respuesta. Si algún inconveniente surgiera me notifican por correo.
Llegué a este país inicialmente por dos años. Ya llevo 3 y medio. Supongo que caminos similares recorrieron los individuos con rasgos occidentales que optaron por la calvicie, el saumerio, los platillos, las túnicas y los cánticos hare hare Krisna Krisna hare hare.