
En su libro "Trust" Francis Fukuyama sostiene, entre muchas otras cosas, que las redes de confianza entre las instituciones y los individuos se cuentan entre las principales diferencias entre el mundo desarrollado y el mundo en desarrollo. La confianza se vuelve parte de los "medios" por los cuales un bien o un servicio es suministrado. Un ejemplo: Para usar transporte público, todos pagamos el pasaje o el tiquete. En Bogotá, debemos pagar el uso del transmilenio y unas máquinas se aseguran que sólo pase a usar el servicio quien ha pagado el pasaje. Eso en Cundinamarca, repito. En Dinamarca la cosa es diferente: el control no es sistemático sino aleatorio. El sistema "confía" en que la gente paga el pasaje para subir en el S-train o el metro, de modo que no hay maquinitas restringiendo la entrada de pasajeros. Uno entra a la estación y se sube en el tren/metro sin restricción alguna. Digo que el control es aleatorio porque a veces se suben unos controladores que te piden el tiquete. Pero eso es A VECES. Incluso si uno los ve venir simplemente se baja en la siguiente estación sin ser detectado. Sin embargo, si te cogen sin el pasaje debes pagar una multa de 750 coronas danesas (unos 170 euros).
Toda esta disertación viene al caso porque anoche tuve una pesadilla lúcida(*) relacionada con este tema. Estoy en Copenhague, me subo al S-train pero no pago pasaje. Veo que se suben los controladores en la siguiente estación. Los veo dirigirse hacia mí mientras chequean los tiquetes de los pasajeros en el tren. Trato de alejarme de ellos y me dirijo al otro extremo del tren. Entonces despierto por unos pocos segundos. Cuando vuelvo a caer dormido vuelvo a aparecer en el tren, pero esta vez estoy más cerca de la estación en la que debo bajarme para ir a casa. Sigo caminando hacia el extremo opuesto del tren. Miro a la pantalla. Faltan sólo dos estaciones y llego a mi ansiado destino. Pero siguen acercandose peligrosamente. Pienso en las 750 coronas que debo pagar si me cogen y lamento los regalos de navidad que dejaré de llevar a Colombia por cortesía de DSB, la empresa que administra el transporte público en Dinamarca. Me sigo alejando pero ya estoy a un vagón del otro extremo del tren y cuando entro veo que un pasajero vomita. En ese mismo instante, un olor nauseabundo invade el vagón y desata una reacción en cadena en la que todos los pasajeros vomitan. Mi situación pasa a ser patética: no sólo me van a multar sino que me voy a vomitar (en el S-train no suministran bolsas para tal despropósito) sin llegar a mi casa. ¿Y si me vomito en el señor controlador? ¿Será que la multa sube a mil coronas? Mi estómago revolotea. "Esto me pasa por abusar de la confianza del sistema. Ya decía Ricardo García, mi profesor de Ideas Políticas, que los colombianos no somos confiados sino confianzudos!!!" Los controladores siguen acercándose. Me devuelvo al vagón anterior y nada que llego a casa. Concluyo que la única salida a todo esto es despertar.
Entonces despierto.
(*) Sueño Lúcido: cuando durante el sueño el soñante sabe que está soñando y aún así, sigue soñando (i.e. no despierta).
Toda esta disertación viene al caso porque anoche tuve una pesadilla lúcida(*) relacionada con este tema. Estoy en Copenhague, me subo al S-train pero no pago pasaje. Veo que se suben los controladores en la siguiente estación. Los veo dirigirse hacia mí mientras chequean los tiquetes de los pasajeros en el tren. Trato de alejarme de ellos y me dirijo al otro extremo del tren. Entonces despierto por unos pocos segundos. Cuando vuelvo a caer dormido vuelvo a aparecer en el tren, pero esta vez estoy más cerca de la estación en la que debo bajarme para ir a casa. Sigo caminando hacia el extremo opuesto del tren. Miro a la pantalla. Faltan sólo dos estaciones y llego a mi ansiado destino. Pero siguen acercandose peligrosamente. Pienso en las 750 coronas que debo pagar si me cogen y lamento los regalos de navidad que dejaré de llevar a Colombia por cortesía de DSB, la empresa que administra el transporte público en Dinamarca. Me sigo alejando pero ya estoy a un vagón del otro extremo del tren y cuando entro veo que un pasajero vomita. En ese mismo instante, un olor nauseabundo invade el vagón y desata una reacción en cadena en la que todos los pasajeros vomitan. Mi situación pasa a ser patética: no sólo me van a multar sino que me voy a vomitar (en el S-train no suministran bolsas para tal despropósito) sin llegar a mi casa. ¿Y si me vomito en el señor controlador? ¿Será que la multa sube a mil coronas? Mi estómago revolotea. "Esto me pasa por abusar de la confianza del sistema. Ya decía Ricardo García, mi profesor de Ideas Políticas, que los colombianos no somos confiados sino confianzudos!!!" Los controladores siguen acercándose. Me devuelvo al vagón anterior y nada que llego a casa. Concluyo que la única salida a todo esto es despertar.
Entonces despierto.
(*) Sueño Lúcido: cuando durante el sueño el soñante sabe que está soñando y aún así, sigue soñando (i.e. no despierta).

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